EDUCACIÓN CHILENA: “SOSTENEDORES” ESTRUJANDO “CAPITALES HUMANOS”
Padres y escuela, el constante debate*
A medida que las exigencias sociales, políticas y económicas avanzan, se genera una constante disyuntiva entre el ser y el deber ser. Tanto padres y escuelas se cuestionan sobre el cómo, qué y para qué educar. He aquí una perspectiva desde la Psicopedagogía.
¿Cuántas veces en la vida nos iremos a preguntar si estaremos educando a nuestros hijos de buena manera?, ¿Cuántas veces nos preguntamos que enseñar y cuándo enseñarlo? Estas son solo dos, de muchas preguntas que seguramente nos hacemos a diario, pero a pesar de ser tan cotidianas o recurrentes en el diario vivir, al momento de querer responder a ellas, parece no poder llegarse a una respuesta que nos asegure los resultados que pretendemos.
Es indudable que en nuestra sociedad caracterizada por rápidos avances en tecnología, se hace cada vez mas necesario formar nuevas generaciones capaces de adaptarse a los cambios tanto tecnológicos como estructurales, y es aquí en donde la educación que reciben nuestros niños y jóvenes toma un rol de gran relevancia, pero ¿A qué costo estamos formando personal competitivo?, ¿Cuánto ganan y cuánto pierden nuestros hijos al ser formados bajo una visión competitiva de la vida? En una balanza, ¿qué valoramos más, el trabajo competitivo o el cooperativo?, entonces ¿qué buscamos, niños inteligentes o felices?
Hoy en día tanto padres como educadores están avocados a formar niños y jóvenes capaces de responder a las exigencias propias de un sistema de vida competitivo que se desarrolla a gran velocidad, en donde pocas veces nos detenemos a reflexionar acerca de nuestros actos, los cuales en muchos casos, tal vez se encuentren muy lejos de llevar a nuestros hijos a un estado de felicidad en un futuro a largo o corto plazo. Lo que se pretende dejar a luz en estas líneas es la simple idea de que ni el mejor colegio, ni la mejor cátedra, ni los mejores recursos, e incluso ni las mejores intenciones nos aseguran la felicidad de nuestros niños; según mi forma de ver la vida (comprendiendo que la educación es un hecho social y que la sociedad la construimos nosotros y por lo tanto la educación es una realidad a la que nosotros damos forma y vida), creo que debemos sentarnos a pensar en que estamos fallando, y hablo de fallo porque hoy en día veo una gran cantidad de padres que se quejan de que tienen hijos que no quieren estudiar, que desean pasar la mayor parte del tiempo en la calle, que son muy inquietos y distraídos, lo que me lleva a pensar que pueden existir dos problemas. El primero puede estar relacionado o atribuido a los niños y jóvenes, seres desadaptados, demasiado inquietos, contestadores, cuestionadores (de los padres y de los profesores) y muchas otras connotaciones negativas que se les suele imputar. Por otra parte la causa de esta problemática -padres que no entienden cómo educar a sus hijos para asegurar su éxito y felicidad en la vida-, podría estar asociada a un sistema social y por tanto educacional que de cierta manera lleva a los educandos a sentirse cada vez menos comprendidos, siendo sometidos a sistemas educativos poco flexibles, carentes de autocrítica, de auto evaluación, tanto por los agentes de la educación como por los padres, los que muchas veces toman un rol de omnipotentes, libres de cualquier cuestionamiento o evaluación, por ser los portadores de la verdad y del conocimiento. Volviendo unas líneas atrás sinceramente creo que la causa de la problemática planteada se encuentra más cerca de esta última, no por un mero antojo, sino por lo que acotaré a continuación.
En la actualidad, nuestra educación para afrontar la bella diversidad de niños y jóvenes que se integran a la educación formal debe reconocer en cada uno un yo diverso, que está en movimiento y evolución, constantemente conociendo y buscando adaptarse a los desafíos de la sociedad. Sin embargo en este punto aparece la siguiente pregunta: ¿Quiénes son los personajes encargados de adaptarse a las nuevas exigencias cotidianas: los niños con su escasa experiencia o los profesionales que se preparan muchos años para trabajar en la educación de niños y jóvenes? Recordemos que el fin de la educación no es demostrar cuanto sabemos de un tema, sino que poder entregar este conocimiento de la mejor manera posible a los que nos oyen, por lo que nosotros los educadores somos los responsables de aplicar todo nuestro bagaje en función de que los aprendices efectivamente aprendan y es en esta tarea donde debemos dejar la soberbia, el orgullo, nuestros prejuicios y poner todas las herramientas con las que contemos para lograr que nuestros niños y niñas se desarrollen de manera plena, logrando así que no solo aprendan de historia, lenguaje y matemáticas, sino que aprendan a respetarse y aceptarse, diferentes como son y como se ven.
Para esto no debemos seguir siendo parte de ese juego de culparse unos a otros, padres culpando al colegio, colegios culpando al gobierno y el gobierno devolviendo la responsabilidad principal a la familia, cayendo en un círculo vicioso que trae consigo un solo perjudicado "nuestros hijos", ya que los padres de cierta forma ya tienen su vida hecha y los profesionales de la educación lamentablemente y me duele mucho decir esto, seguirán ganado su sueldo aprendan o no nuestros niños. Por todo lo planteado creo necesario pedir a las personas responsables de la educación de nuestros hijos (todos nosotros), que hagamos valer el derecho que ellos tienen de revelar ilusiones y desilusiones con respecto a su vida y hacia su entorno. No robemos la infancia a nuestros niños, pretendiendo que se transformen en adultos a escala, no pretendamos que nuestros hijos se transfiguren en los acarreadores de nuestros fracasos y sueños, por el contrario permitamos no solo que se desarrollen académicamente, sino que lo hagan en y desde su propia vida, que aprendan y se equivoquen pero en su vida, no en la que nosotros no pudimos hacerlo, para que así ellos desarrollen sus propios sentimientos y deseos, pues el imponer sueños y valores, puede ser tan dañino como negar el amor, el respeto y la comprensión a nuestros niños, para que así en un futuro próximo estos niños no tengan que llegar a cuestionarse si ellos son los amados, o solo amaban a quienes pretendían que fuesen. Por último les dejo una pregunta para que se la respondan así mismos y decidan que es lo que realmente quieren.
¿Preferimos un niño "educadito", correcto, atinado, tan preocupado de responder a las expectativas de sus padres, que llegan a tal punto de privarse incluso de manifestar sus verdaderos sentimientos, y emociones, pudiendo llegar a robar a un niño algo tan preciado y tan relevante en el desarrollo de los individuos como lo es su identidad? o ¿queremos niños y jóvenes que se quieran y respeten por lo que son, que luchen por ideales que no fueron impuestos, que puedan expresar libremente lo que sienten y lo que quieren?
* Jaime Reyes, PsicopedagogoAlgo más que sólo neuronasComprendido como el entramado neuronal que gobierna al ser humano, el Sistema Nervioso Central es la pieza fundamental a la hora de ejecutar una acción, tomar una decisión o representar una realidad, se ha convertido –según la filogenia- en una herramienta de trabajo, moldeada a punta de evolución, dificultades y problemas que en la medida de lo cotidiano van potenciando y generando nuevas vías de contacto, nuevas carreteras de información dentro de nosotros. La señal electroquímica, el impulso nervioso o la sinapsis nos dan la certeza de que las decisiones que elegimos y las acciones que ejecutamos son el resultado de una larga cadena en serie, contacto tras contacto de dendritas, vainas de mielina, neurotransmisores y botones sinápticos, los que previamente fueron moldeados y creados luego de la fecundación.
El hombre como tal jamás dejará de aprender, de crear y de cuestionarse sobre los misterios que encierran la vida, pero como ya es sabido esto no es posible o mejor dicho, se dificulta en la medida que las conexiones neuronales no son logradas en totalidad; un accidente, la falta de estimulación, la desnutrición o la falta de amor y preocupación mermarán drásticamente las posibilidades de que una persona logre mejores oportunidades de aprendizaje, mayor cantidad de veces en que se pregunte y ésta no consiga una respuesta a las inquietudes que en determinado momento tenga. En este punto se puede hacer la siguiente analogía: Piaget, luego de hacer las investigaciones con sus hijos y de someterlos a situaciones ya conocidas por muchos, decía: "cada vez que uno le enseña algo a un niño, le quita la posibilidad de descubrirlo por sí mismo",si seguimos la lógica de este razonamiento se puede extrapolar a que cada vez que una persona (tutor, padres, familia, escuela, etc.) no permita y estimule el desarrollo de su hijo a nivel neuronal, social o emocional también coartará las oportunidades que éste pueda tener, ya que limita su base biológica y le pone techo a lo que pueda lograr.
Es imperativo el conocimiento biológico y neurológico de los niños para evitar nuevos vacíos en quienes depositan su confianza educativa en nosotros. Al respecto puedo citar el siguiente ejemplo, en la actualidad chilena las Educadoras de Párvulos guían la planificación de su trabajo de aula según los lineamientos de las Bases Curriculares, las que dan gran importancia a la estimulación temprana de las funciones cognitivas de los niños entre otros objetivos importantes, de acuerdo con esto una Educadora que desconoce las funciones y estructuras neurológicas de un niño, tendrá dificultades de comprender cuales serán los verdaderos alcances de hacer una actividad u otra, cuales serán las estructuras que se verán implicadas en determinado aprendizaje o en un caso crítico, cuales serán los aprendizajes que se verán dificultados en el futuro por el hecho de no haber realizado el trabajo adecuado.
Aunque todo esto tiene un tinte biológico, no hay que dejar de lado las implicancias sociales que tienen hoy en día el limitar a un niño en el logro de un aprendizaje, sobretodo ahora en nuestra tecnocrática sociedad.
Rodrigo Espinoza V, Psicopedagogo